Ismael Kachtihi del Moral

Nacido en el norte de Marruecos, mientras que, poco a poco, se disfuminaban los vestigios de Tanger, ciudad internacional, Ismael Kachtihi del Moral fue criado en este espacio cosmopolita, donde se codeaban todos los medios sociales, culturales ; donde los idiomas se cruzaban, se mezclaban, se intercambiaban, como monedas, arabe, rifeño, español, haketiya, frances, ingles…

Después de estudios (forzados) de derecho y ciencias económicas en Rabat, pasa pagina, abandona los estudios universitarios para dedicarse a las artes plásticas que enseñará durante un año. Toma la decisión de dejar Marruecos, de dejar a su familia ; primera parada en Burdeos donde pasa el concurso del Conservatorio nacional, opción teatro. Los azares de la vida lo llevarán, más tarde, a Champagne-Ardenne, alternando con Málaga, donde vive actualmente, ciudad que descubrió a los ocho años.

En la soledad de su estudio, trabaja intensamente, anudando las diferentes influencias que lo marcaron, prepara exposiciones que lo llevarán a Burdeos, Nueva York, Valencia, Paris, Madrid, Tel Aviv, Praga, Bruselas, Chengdu, etc. Conoce en Paris a Olivier Debré, entabla una amistad con el artista de la abstracción lírica que apoya su candidatura a la Casa Velazquez de Madrid.

En esta institución, elaborará un proyecto artistico sobre la mise en abyme (composición en abismo) en la pintura española del siglo 17. En el amplio estudio de la calle Paul Guinard de Madrid, aparece una preocupación, nueva : las très dimensiones del espacio, lo que va a conducirlo al universo de las instalaciones, del vidéo y del sonido, sin que por eso abandone la pintura.

La obra y la vida de Ismael Kachtihi del Moral son un territorio emocional ; la emoción estratificó en gran parte este territorio : resurgen las imágenes del pasado, profundamente enterradas o apenas recubiertas con un fino sedimento ; imágenes reconstruidas por la labor compleja de la invención. Joyas ocultas en su ganga de artificio estructuraron, todas, esta arquitectura interior de la que habla Kandinski.

En el crisol que era Tánger, se efectuó la fusión progresiva de los elementos primarios ; en el secreto del «laboratorio», así como Ismael llama su estudio, aprenderá a extraer esta «esencia común» de la que habla el narrador del Tiempo recobrado ; obras pintadas, vídeos o instalaciones, el objetivo primero jamás es traducir plásticamente una experiencia cualquiera de la vida en sociedad tal como ella realmente habría sido vivida, sino recobrar, en la profundidad del yo, una realidad universal y humana.

Reconstruidos por el trabajo lento de la memoria y de la imaginación, resurgieron, como del fondo de un mar de blancura, los recuerdos de la infancia despreocupada, libres todavía de todo sentimiento de culpabilidad. En este desván de la memoria, circulan los murmullos y las risas infantiles del deseo, el roce de las caricias, como de dulce aleteos ; suenan de nuevo las canciones infantiles que se habría podido considerar olvidadas.

Contar con la experiencia de Ismael como uno de los artistas residentes de La Casa Amarilla hace crecer el campo conceptual y plástico de la galería. Su veteranía y puesta en valor de esa obra emocional  suma la corrientes más transgresora de otros artistas instalativos como lo son Cristina Savage o David Burbano

 

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